El siniestro Club de los Seis
José Fernando pertenecía a un siniestro y misterioso Club. Sus seis miembros eran ciudadanos riquísimos, de un bajo perfil en lo que a política se refiere. Sin embargo, eran los que finalmente influían en los nombramientos de las más altas autoridades públicas y privadas.
El Presidente de la República, el Presidente de la Corte Suprema, los Presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, el Contralor General de la República, los Comandantes en Jefe de las Fuerzas
Armadas, los Presidentes de los más importantes partidos políticos, ya sea de izquierda o derecha, el Presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura y el Presidente de la recién formada Confederación de la Producción y el Comercio, el Contralor general de la República, todos eran nombrados indirectamente por el Club de los Seis.
Podría pensarse que se trata de un pequeño país bananero pero, no.
Estamos hablando de Chile, nuestro país.
Para sus arbitrarios manejos recurrían a una secreta red de influencias que llegaba, larvadamente, cual babosa con sus poderosos tentáculos, a la Masonería, a las jerarquías eclesiásticas y a los grupúsculos del sectarismo político.
Cuando una autoridad no era de su agrado, se la involucraba en escándalos financieros o de faldas. Cuando esto fracasaba, recurrían a la última instancia.
El envenenamiento o la extorsión.
Tenían absoluto control sobre el Instituto Médico Legal. Las autopsias eran concluyentes: Pancreatitis, Aneurisma cerebral, Infarto al miocardio o Infarto cerebral.
Por último y en casos de menor importancia, el diagnóstico ponía punto final con "Yatrogenia".
Víctimas de este Club fueron dos respetados Presidentes de la República que interrumpieron los gobiernos de derecha.
Los Seis, decidían en definitiva, quienes serían los candidatos que llevarían los partidos políticos. Para esto, contaban con la colaboración de los más influyentes Senadores de la República. Sólo cuando era necesario convocaban, en un salón privado del elegante Hotel Crillón, el Salón Portales.
Los Seis se habían conjurado, solo se conocían entre ellos, ningún familiar estaba al tanto de quienes eran los misteriosos miembros de esta cofradía.
José Fernando temblaba, al pensar que su participación en el siniestro Club, se filtrara y llegara
a conocimiento de Monseñor.
viernes, 4 de julio de 2008
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