viernes, 4 de julio de 2008

DEL LIBRO MONSEÑOR

2º CUENTO DEL LIBRO MONSEÑOR

UN CUENTO DEL LIBRO MONSEÑOR
La Pelu y el Cirujano

Petronila Lucrecia Kyngston Trastamara, era la más exótica de las Kyngston, de rasgos asiáticos muy marcados, de escultural cuerpo y cautivadora simpatía.

Se comentaba con mucha razón que era hija adoptiva del Coronel, en realidad éste la había adoptado cuando fue nombrado embajador en Tailandia, era hija de un príncipe tailandés y una bailarina inglesa, fue abandonada después de un desolador y destructivo tifón que costó la vida a miles de personas.

Cuando el Coronel la recogió, estaba temblando, azul de frio y aterrorizada.

Había sido victimas de unos comunistas desalmados que la violaron reiteradamente.

Esta situación afectó su equilibrio emocional de por vida.

Estaba controlada por fuerzas extrañas. Poseía ideas delirantes, extravagantes, con alteración de la percepción, afecto anormal sin relación con la situación y autismo repentino, entendido como profundo aislamiento. No vivía en este mundo.

Estaba en otra dimensión.

De una gran personalidad, tenía una bipolaridad y esquizofrenia marcada que se manifestaba de vez en cuando, con una salvaje y violenta reacción.

Durante 12 años el Coronel la mantuvo escondida en Singapur, en un centro de artes marciales y de filosofía oriental, donde podía descargar su temperamento desequilibrado.
Era capaz de quebrar un grueso bambú con un violento salto y golpe de talón o con la punta del pie.

Cualidad que como veremos la inició en los asesinatos en serie que solo Monseñor conoció por el secreto de la Confesión.

En prácticamente todos estos asesinatos La Pelu contó con la participación de su fiel camarero, Mamerto “ El Cirujano”, quién también tenían síntomas y actitudes esquizofrenicas.

Cuando la Pelu cumplió los 16 años, el Coronel la mandó a internar en un colegio para señoritas en Madrid. Colegio de las Hermanas del Perpetuo Sagrario.

Dirigía el Colegio el Hermano Abraham Ignacio Servando Fernández Tuccase de Tabalís, severo, huesudo y musculoso ex jesuita, que a pesar de su aspecto ascético era un degenerado que seleccionaba entre las alumnas, a las más débiles y vulnerables para abusar de éstas.

Al poco tiempo de ingresar, Ignacio Servando escogió a la Pelu y la visitó a la medianoche totalmente desnudo bajo su sotana, inicialmente le conversó de sexo para prepararla cuando afrontara el mundo exterior.

Luego se levantó sorpresivamente la sotana, mostrándole su enorme aparato sexual, la acarició y trato de violarla.

Repentinamente la Pelu dio un gran salto golpeándole la traquea con el talón y simultáneamente destrozando su tabique nasal con una perfecta patada con la punta de los dedos del otro pie, las astillas de los huesos de la nariz se introdujeron como afiladas agujas en el cerebro de Ignacio Servando.

Ni un grito, solo un golpe seco contra el piso.

La muerte fue instantánea.

La Pelu lo arrastró hasta el salón de retiros, le cortó el aparato sexual con una tijera y se lo introdujo en la boca, dejándolo cuidadosamente asomado en una grotesca posición.

Luego limpió minuciosamente el escenario del crimen y retornó a su severa habitación.
A la mañana siguiente despertó en medio de los fuertes gritos de las hermanas de la Congregación.

Todas las alumnas debieron permanecer en sus habitaciones hasta la llegada de la Guardia Civil.
Todo el personal fue minuciosamente interrogado, dejando por prudencia y respeto para el final a las hermanas y a las alumnas.

El mayor general Ramón Ortiz del Salto, descartó inicialmente de inmediato a las alumnas y a las hermanas, dado la violencia de los golpes.

Buscaron intensamente un objeto contundente, interrogando a todos los presentes, respecto de una probable barra de hierro u otro objeto metálico afilado que pudiera haber sido utilizado en el salvaje y violento asesinato.

En la medida que fue interrogando a las hermanas y a las jóvenes alumnas se encontró con la sorpresa que algunas declararon haber sido sistemática mente abusadas por el siniestro Abraham Ignacio Servando.

Sin embargo esta escandalosa revelación no cambió su determinación

Descartó definitivamente a todas las alumnas entre las que estaba la alegre y exótica Pelu.

Conocido el macabro incidente el Coronel viajó a Madrid y alojó en su suite preferida del Ritz y pasó retirar a la Pelu, embarcándola en primera clase en el Agustus a Buenos Aires, para luego de un merecido descanso en el Alvear Palace, tomar el tren a Santiago.

En el lujoso trasatlántico se permitía que los pasajeros de primera clase, debidamente acompañados por marineros de servicio bajaran a las clases inferiores a ver los bailes típicos de los inmigrantes italianos y españoles que viajaban a América.

Así en una de estas visitas la Pelu conoció primeramente a un estudiante de medicina Mamerto Mendinacelli Torrechio, quién huía de la tiranía de Mussolini y a la Carmen Martínez Muñoz del Purto una joven ambiciosa y sin principios, que era la amante de Mamerto que a su vez huía de la represión franquista.

La Pelu les ofreció ser inicialmente sus sirvientes, mientras encontraran otro trabajo más adecuado.

Sin embargo el sueldo y las condiciones ofrecidas eran tan generosas que optaron por permanecer de por vida al servicio de la Pelu.

La Pelu vivía sola en un elegante departamento de la Calle Victoria Subercaseaux esquina de Rosal, frente al cerro Santa Lucía.

El sector destinado a los servicios contaba con cuatro amplias habitaciones, con una cómoda sala de estar y un gran baño a compartir.

Mamerto inmediatamente se contrató como mayordomo y chofer del Cadillac de Ville, el que mantenía siempre reluciente y la Carmen se integró al resto del personal de servicio como ama de llaves.

La Pelu le depositaba a Mamerto una importante mesada en una cuenta en Suiza.
Como se involucró Mamerto en los asesinatos en serie es y será un misterio.

Una vez a la semana la Pelu viajaba al Santuario de Macul a confesarse con su hermano Monseñor, de vez en cuando Mamerto, también se confesaba.

Así Monseñor conoció del primer crimen y la seguidilla que se sucederían a continuación.
La Pelu gran equitadora, esquiadora y golfista seleccionaba a sus víctimas entre la aristocracia local y la argentina.

Por su intensa actividad deportiva, tenía en los Centros de Esquí, los clubes de Golf, Polo y Equitación un campo extenso para sus safaris, elegía a sus víctimas entre aquellos galanes que se burlaban de las mujeres, que abusaban de éstas o bien las entre las que las engañaban y maltrataban.

Generalmente eran Play Boys de reconocida y despreciable trayectoria.
La Pelu los encandilaba con su belleza, elegancia y simpatía.

El modus operandi, era citarlos al bar La Cremallere del elegante Hotel Carrera, siempre a las 19 horas y luego después de mostrarles discretamente sus hermosas piernas, dejaba entrever que no llevaba ropa interior, luego se agachaba de manera de lucir sus espectaculares senos a través de su generoso escote.

Convenía juntarse a continuación en el Driven Charles un restorán donde se citaban las parejas para tener sexo en los automóviles, los que eran atendidos por discretos garzones.

Después de frenéticas y audaces caricias, las Pelu los incitaba para ir hacia el oscuro camino al Centro de Esquí de Farellones, a medida que se internaban en el camino, se empezaba a desnudar en medio de insinuantes movimientos y una hermosa e inocente sonrisa.

Los hacía detenerse en los alrededores del Cañaveral, lujosa propiedad que años después fuera una de las mansiones de Salvador Allende el presidente socialista que arruinaría Chile y que terminaría derrocado por una severa Junta Militar.

Una vez detenido el auto de la víctima, que era seguido discretamente por el fiel Mamerto en el Cadillac de la Pelu, ésta les ofrecía su último Martíni, el que contenía una fuerte dosis de narcótico que adormecía profundamente al ganoso galán.

La Pelu le dada un certero pinchazo en la carótida con una jeringa que contenía arsénico disuelto en perclorato de magnesio al 30%.

La muerte era instantánea, el diagnóstico, un infarto al corazón.

Una vez consumado el asesinato hacía las consabidas señales le luces. Se acercaba Mamerto con su maletín quirúrgico y su impecable delantal de cirujano.

La Pelu se vestía, se bajaba del auto de la víctima y se dirigía presta al Cadillac, mientras Mamerto abusaba sexualmente del cadáver, para luego cortarle magistralmente los testículos y el pene, que definitivamente introducía siniestramente en la boca de la víctima, dejándolos grotesca y ligeramente a la vista.

Entre las víctimas estaba el embajador de Francia, el de Haití, el primer Secretario de la Embajada Americana, dos Obispos, uno Luterano y otro católico izquierdista, un Ministro de la Corte, tres funcionarios internacionales, dos Generales de ejército, el ex Presidente del Partido Conservador y dos Ministros radicales, más una larga lista de galanes de la Sociedad, entre ellos un destacado jugador de Polo de la Selección argentina.

La Policía destacó a su mejor Comisario de Homicidios el conocido Comisario Inspector, Rojas y al detective primero Herman Aguirre Ayala de la Brigada de Delitos Sexuales, junto al Detective 2º Jose Fregoso de la Brigada de Narcóticos, un socialista compulsivo. La policía argentina destacó al Comisario Nestor Condottieri y su ayudante el detective 2º Onésimo Rozas, experto en delincuencia homosexual.

Condottieri y Rojas intercambiaban continuamente opiniones, ambos coincidían en que el asesino era un homosexual, presuntamente médico, dentista o enfermero.

Rojas después de las autopsias, buscaba afanosamente a un médico homosexual, miembro de la alta sociedad, por ahí estaba inscrito el asesino, ese era el perfil claramente definido.
Las muestras de semen en los intestinos de las víctimas y las crueles características de los asesinatos, sin violencia, eran una marca registrada.

Era un sádico, homosexual.

Cada vez que se cometía un asesinato, Rojas daba una conferencia de prensa en el bar del Hotel Oriente, donde insistía en su teoría, esperando que alguien le informara de algún sospechoso.
El asesinato del joven Ministro del Interior, un elegante, desatinado y corrupto democratacristiano, el delfín del nuevo partido, con siniestras relaciones comerciales en Cuba, cambió por única vez el lugar de la conferencia de prensa al lujoso Hotel Carrera frente al Palacio de Gobierno.

Terminada la conferencia, discretamente se le acercó un mozo que le dijo haber visto a la elegante Pelu Kyngston a las 19 horas, el día del crimen acompañado por la víctima.
Además le ratificó que también él recordaba que varias de las víctimas habían concurrido al Bar La Cremallere con la señorita Pelu Kyngston.

El Comisario hizo jurar al mozo que guardaría silencio hasta nueva orden, en caso contrario lo inculparía, dado que además, era homosexual.

Con esta nueva pista se acercó de inmediato a Monseñor para notificarle respetuosamente que interrogaría su hermana la señora Petronila Lucrecia Kyngston Trastamara dentro de 48 horas.
Monseñor, sin agregar comentario alguno, amable pero fríamente, aceptó.

Le dijo dígale señora Pelu o Pelu, comisario.

Monseñor conocía al detalle cada uno de los crímenes de su hermana protegidos por el secreto de la confesión, también conocía el modus operandis y el procedimiento empleado por Mamerto y la Pelu.

Sin demostración ni gesto alguno que lo delatara, pidió al Comisario la más absoluta reserva mientras hablaba con su hermana y se comprometió, a obtener una cita dentro del plazo.

Luego le extendió un generoso cheque al portador, del Banco de Chile para las obras del Servicio de Investigaciones, reiterándole que hiciera el uso que estimara conveniente y que mantuviera en secreto la identidad del donante.

Le pidió expresamente que no comentara con la prensa ni con sus superiores sus sospechas o conclusiones mientras no interrogara a su hermana. Rojas intentó protestar, luego insinuó devolver el generoso aporte, pero al leer el monto enmudeció y silenciosamente lo guardó.
Monseñor le dijo que si mantenía la reserva solicitada, volvería a recibir una donación similar, terminada la investigación.

Le reiteró la reserva total y le remachó que podía disponer del dinero a su antojo.
Monseñor en reiteradas oportunidades había solicitado a la Pelu que se recluyera en un Convento o que viajara definitivamente a Puerto Secreto o a la Cocotera en República Dominicana donde residían sus hermanas.

Con Mamerto había intentado algo similar, ofreciéndole además una suculenta renta de por vida para él y para la antipática, deshonesta e intrigante Carmen.

Monseñor tenía la sospecha que la Carmen fuera de serle infiel a Mamerto, le robaba a La Pelu, para esto contaba con la complicidad de una amiga judía, intrigante, conocida como la Veruska.
El secreto de la Confesión lo ataba y lo atormentaba.

El único factor justificable, era que las víctimas eran personajes despreciables que habían violentado o abusado de mujeres ingenuas.

Siempre había fracasado, sus propuestas eran irremediablemente rechazadas, ambos se escudaban en el secreto de Confesión.

En esta oportunidad Monseñor les solicitaría su confesión ante las autoridades, no había otra solución.

Monseñor alegaría por medio de sus abogados como causal, la demencia, para que fueran internados en un instituto psiquiátrico en Londres, cuyas comodidades él garantizaría.

Contactada la Pelu y Mamerto, convino una reunión con los inspectores dentro de las próximas 48 horas en el lujoso departamento de la Pelu.

A la mañana siguiente Mamerto compró una motosierra en la Ferretería Montero a nombre de Juan Castro Canales y cuatro grandes maletas de carpincho en Gath & Chaves, a nombre de Patricio Amigo Amenabar, las que retiró personalmente.

Antes de salir instruyó a la Carmen, informándola que la iría a dejar al aeropuerto, ya que saldría de inmediato para Buenos Aires en el avión de la Panagra, su misión, preocuparse como habitualmente lo hacía, de hacer las reservas en la mejores habitaciones de el Alvear Palace, comidas en el restaurant Lòrangerie, en Relais & Chateau, en el Restaurant Jean-Paul Bondoux, en el Club de Golf y en el Club de Polo de Buenos Aires , además debía reservar entradas para los mejores espectáculos de los próximos diez días, especialmente en el teatro Colón.

Más una secreta sesión privada con el afamado siquiatra argentino el Doctor Justo Alvear Ortiz de Zárate.

La instruyó, informándole, que la señora Pelu viajaría pasado mañana con él, en primera clase en el vuelo semanal de la British Airways.

Una vez confirmado el vuelo, la Carmen elegantemente vestida, partió a Buenos Aires a preparar la estadía de la señora Pelu.

A Las 19 horas en punto La Pelu los recibió a media luz, en el Jardín de Invierno del Pent House, de su lujoso departamento, elegante, sugestiva y atrevidamente vestida para la ocasión, impresionando fuertemente a los detectives.

Rojas, Fregoso y Aguirre Ayala llegaron puntualmente, elegantemente vestidos de negro, presumidos de anteojos oscuros de sol Ray Band.

Antes de entrar Mamerto, le dijo a la señora Pelu, sonriendo, “Anteojos oscuros en lugar oscuro, Rotos Seguro”.

Luego los hizo pasar.

La Pelu los recibió sin brassier y con una cuidada reverencia dejó ver generosamente sus perfectos senos y sus duros pezones, luego les ofreció asiento en los sillones tapizados en legítima piel de leopardo.

Los detectives miraban por primera vez en su vida los lujosos muebles franceses e ingleses y los tapices flamencos españoles y franceses de mediados del siglo XVII, cuadros de Murillo, Goya y Sorolla, junto a otros clásicos que destacaban al lado de los del joven Picasso que adornaban las paredes del salón contiguo.

Inmediatamente calcularon que habían varios cientos de miles de dólares en especies escogidas.
Una vez sentados, La Pelu tomo asiento teniendo el cuidado de mostrar discretamente sus partes íntimas, especialmente, nuevamente se inclinó de manera tal que su generoso escote dejaba ver nuevamente sus magníficos y bien formados senos.

Luego llamó a Mamerto, quién ingresó con su impecable tenida de mayordomo y cuatro copas de Martíni sobre una elegante bandeja de Plata.

La Pelu les dijo, como se acostumbra, me imagino que los señores sabrán apreciar el Dry Martini de mi fiel Mamerto.

Los detectives se miraron y cogieron nerviosamente las elegantes copas, curiosamente observaron que se había caído una aceituna verde en el interior, pero al observar lo mismo, en la copa de la señora Pelu, optaron por guardar silencio.

Mientras degustaban los Martinis, Rojas le dijo, UD conoce a Máximo López , el mozo que habitualmente la atiende en el Carrera, luego remachó con severidad, mirándola fijamente a los ojos, señora Pelu, no sé, si Monseñor le habrá explicad.......... y cayó junto con Aguirre Ayala y Fregoso profundamente dormidos.

La Pelu prestamente les colocó uno por uno, la inyección a la carótida y Mamerto procedió a la ceremonia de violación y cirugía de los geniales agregando en este caso una cuidadosa mutilación de los cuerpos con la motosierra.

Diestramente introdujo cada cuerpo mutilado en las maletas de carpincho y la motosierra en la cuarta maleta.

Sin denotar la más mínima expresión de dolor o arrepentimiento, tomó la primera maleta y bajó al subterráneo por el ascensor de servicio, para introducirla cuidadosamente en el baúl del automóvil, mientras La Pelu terminaba de disfrutar su dry martini.

Luego hizo lo mismo con las otras dos maletas. Limpió cuidadosamente el recinto y subió al automóvil, en el que se dirigió a la chacra de Tobalaba de la odiosa y mal educada ,vieja Valdés donde echó las maletas al correntoso canal San Carlos.

Terminada la misión partió al Carrera, dejó a la señora Pelu en La Cremallere y procedió a invitar a Máximo López al Hipódromo.

Luego lo invitó a tomar un gin tonic y le ofreció una excelente recompensa si lo acompañaba a contactar a unos apostadores, dado que él no se atrevía a ir solo.

López se comprometió a bajar a las 22 horas y acompañarlo, luego le preguntó por la señora Pelu.

Mamerto le dijo que la recogerían a la vuelta.

Una vez camino al Hipódromo, Mamerto le comentó a Máximo, que tenía la impresión de que habían roto un neumático.

Cuando se bajaron a mirar, le dio un certero corte en la yugular, le arrancó el reloj y la billetera simulando un asalto, dejándolo botado en un oscuro callejón.

Cuando terminaba de ocultar el cadáver apareció un sujeto con un cuchillo que lo intimidó y le exigió entregara sus pertenencias.

Mamerto suplicó y lloró, le pasó su billetera y cuando el sujeto la observaba, le dio un fuerte golpe en la traquea y luego lo degolló y lo dejó junto al cadáver de López.

Luego volvió tranquilamente al Carrera a buscar a la señora Pelu.

A la mañana siguiente la Pelu llamó a Monseñor y le dijo que iría con Mamerto a confesarse antes de partir a Buenos Aires.

Invitó por supuesto a Monseñor a viajar juntos, pero éste se excusó, dado que tenía compromisos y debía recoger correspondencia reservada en la Nunciatura y en la residencia del Embajador de España.

Además el sábado debería bendecir un matrimonio de los Gandarillas en La Hacienda del Cajón del Maipo.

Monseñor escuchó muy perturbado la confesión, pero esta vez La Pelu y Mamerto aceptaron viajar definitivamente a Puerto Secreto y le juraron que sus vidas cambiarían para siempre, y que de no cumplir le liberaban del secreto de Confesión.

Aún más Mamerto le pidió que intercediera ante Sor Inés para que los ayudara a adoptar, junto con la Carmen un niño haitiano o dominicano.

Quince días después, los cuerpos de los detectives fueron encontrados dentro de las maletas en el Rió Mapocho.

La policía inició una frenética cacería de médicos y enfermeros homosexuales.

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